Siguiendo el modelo tradicional, el proyecto se desarrolla en una bodega ubicada en un antiguo establo. El viñedo es el gran protagonista, con alrededor de 15 hectáreas repartidas por Bakio. La iniciativa surge a raíz de los estudios vinculados a la recuperación de la viticultura en la zona y del deseo de transformar un sueño en un proyecto real. Tras la compra del caserío, sus tres socios se adentran en el mundo del txakoli con el objetivo de poner en valor este vino y su tradición.